domingo, 16 de febrero de 2014

Carta a mi bala perdida: "¡Vuelve conmigo!"

Para mi, sería sencillo abandonar.
Pero no es mi estilo.
Quizá todo vaya cada vez peor, pero lo que hubo entre los dos es algo que no podrás cambiar.
Es curioso, tan iguales y tan diferentes al mismo tiempo.
El dolor es terrible cuando la herida aún emana sangre, pero se seca. Al final, inevitablemente, se seca. Y sale con agua.

Y ahora vuelvo a estar preparado para otra herida más. Quizá tus besos, tu cuerpo y tus ojos consigan taponarla, pero llegados a este punto, la presión acabará por lanzarte disparada lejos de mi, como las demás.
Te incrustaste demasiado bien, tanto que fue casi imposible dejarte ir. Lo hice y arrepentimiento vino a mi. Ahora, quiero volver a saber de ti. Pero ahora parece que quiero volver a joder, y no sé por qué, tú y tu círculo, creéis eso. Quiero volver, por tí, por mí, porque el mundo es nuestro.

Eres todo lo que necesitaba y no me di cuenta hasta que el vacío inundó un corazón que jamás había visto tan débil. El mío. Y sé que nunca creíste que tuviese de eso, pero la verdad es que se fue el día que tu saliste por la puerta delantera y la soledad entró por la de atrás.

Ahora, sólo quiero que entres y derribes el muro de carga de nuestra relación y construyamos uno, juntos y despacio, durante el resto de nuestra vida.

Siempre tuyo,

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